Diferencias clave
El suelo vinílico (especialmente en formato SPC, con núcleo rígido) es prácticamente inmune al agua, muy resistente a arañazos y golpes, y su precio suele rondar 30-55 €/m² instalado en gama estándar. La tarima flotante aporta una sensación más cálida al tacto y una estética de madera más natural, con precios desde 12 €/m² en gama básica hasta 25 €/m² o más en gama alta con tratamientos hidrófugos, aunque es algo menos resistente a la humedad continuada.
Dónde va mejor cada uno
En cocinas, baños y zonas de paso con más humedad o desgaste, el vinílico SPC es la opción más segura por su resistencia al agua. En dormitorios y salones, la tarima suele preferirse por la sensación de calidez, algo que se nota especialmente en las localidades más frías de la sierra (Guadarrama, Navacerrada, Cercedilla), donde un suelo frío al tacto en invierno es más perceptible.
Compatibilidad con suelo radiante
Ambos son compatibles con suelo radiante, aunque hay que verificar que el fabricante certifique el producto concreto para ello y respetar la temperatura máxima recomendada, especialmente en tarima, para evitar dilataciones o deformaciones con el tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál dura más con el paso del tiempo?
El vinílico SPC suele resistir mejor el desgaste diario y la humedad a largo plazo. La tarima, bien mantenida, también dura muchos años, pero es más sensible al agua estancada.
¿Puedo poner vinílico en toda la casa, incluidos dormitorios?
Sí, es una opción válida y cada vez más habitual, aunque algunas personas prefieren la sensación de la tarima en las zonas de descanso.
¿Cuál es más fácil de instalar sobre un suelo antiguo sin levantarlo?
Ambos son compatibles con instalación flotante sobre gres antiguo bien nivelado, con sistemas de clic que agilizan el montaje.
¿Cuál recomendáis para una vivienda con mascotas?
El vinílico SPC suele ser más resistente a arañazos de mascotas y más fácil de limpiar ante accidentes.